Las joyas escondidas en Monte Albán, Oaxaca

Desde los tiempos prehispánicos, se practicó y desarrolló una importante tradición orfebre en México, esto fue gracias a que desde entonces existían, y abundaban, los metales preciosos en su territorio.

Uno de los lugares con una de las herencias artísticas más ricas proviene de la tradición orfebre de las culturas indígenas de Oaxaca. Ella distinguió a los mixtecos desde finales del siglo IX hasta principios del XVI, cuando ocurrió la Conquista.

 

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En Mesoamérica se practicó tanto la metalurgia extractiva como la orfebrería. Es probable que se hayan difundido por vía marítima desde Centro y Sudamérica, puesto que allí se trabajaba el oro, el cobre y la plata. Además, la manufactura de objetos suntuarios, utensilios y artefactos mostraba gran similitud a lo largo de toda la región. Hay fuentes que señalan que la expansión debió ocurrir por mar, sobre todo por el Pacífico, ya que esto explicaría el temprano desarrollo de las técnicas en Oaxaca, Guerrero y Michoacán, y su posterior difusión hacia el resto de Mesoamérica.

 

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En el estado de Oaxaca se encontraron excelentes ejemplos de joyería tradicional, donde se elaboraban elegantes piezas de oro y de plata dorada con la técnica de la cera perdida. Por ejemplo, las joyas encontradas en las zonas arqueológicas, especialmente las de la tumba 7 en Monte Albán.

En este mismo estado se elabora la original cruz de Yalalag, la cual se transmite como regalo de madres a hijas. Consiste en una cruz de plata fundida y repujada a mano, de cuyos brazos penden otras cruces más pequeñas y una adicional en el extremo vertical. Son también considerables las cadenas que sirven de juego a esas cruces. También se fabricaban unos anillos de plata conocidos como de “tres manitas” cruzadas que, al abrirse, muestran un corazón.

 

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