La belleza histórica de las perlas

Las perlas son esferas de nácar formadas dentro del cuerpo blando de los moluscos. El ámbar y las perlas son dos piedras preciosas de origen natural, en lugar de mineral, pues se forman gracias a organismos vivos.

 

Cuando una partícula extraña se introduce en el cuerpo de un molusco, éste reacciona cubriéndola lentamente con una mezcla de cristales de carbonato de calcio (CaCO3) y la proteína conchiolina. Así es como se forma la sustancia conocida como nácar, que recubre las paredes interiores del animal. Poco a poco, la partícula se va cubriendo por varias capas de nácar, y se va moldeando una perla, lo cual tarda aproximadamente 10 años.

De hecho, la iridiscencia de la perla proviene de la refracción de luz en las múltiples capas de nácar translúcido que la conforman.

 

Aretes Amatistas y Perlas

 

Debido a su rareza, belleza, lustre y brillo, las perlas han sido apreciadas desde la antigüedad. No se sabe a ciencia cierta cuál fue el primer pueblo que extrajo las perlas de las ostras; quizá ocurrió desde épocas prehistóricas.

Posteriormente, la costumbre de adornarse con perlas se originó en la India y en otros puntos de Asia, desde donde los fenicios la propagaron por Europa. Se sabe que los griegos llamaron a la perla margarites, pero parece que se generalizó su uso hasta después de la guerra de los persas y de las conquistas de Alejandro Magno. Asimismo, en los Proverbios se habla en varias ocasiones de las perlas, lo que indica que los hebreos las conocían. Ya más tarde, los grandes señores de las cortes de Europa utilizaban las perlas para adornos, collares, brazaletes, pendientes, sortijas, etcétera, y también para bordados de vestidos o como guarnición de éstos.