Con su característico color azul ultramar y reflejos dorados, el lapislázuli es una gema muy apreciada en joyería desde tiempos muy remotos. De hecho, su mismo nombre encierra su antigüedad e importancia: proviene del latín lapis, ‘piedra’, y del árabe clásico lāzaward, que a su vez se origina del persa lağvard o lažvard, derivado del sánscrito rājāvarta, ‘rizo de rey’.

El lapislázuli se compone por los minerales lazurita, silicato cálcico complejo (el cual le otorga su característico color azul) wollastonita y calcita (que producen el veteado gris y blanquecino) y pirita (responsables de los reflejos dorados). Su dureza es de 5.5 en la escala de Mohs.

 

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Casi todo el lapislázuli utilizado en la antigüedad en Eurasia procedía de las minas de Afganistán, las cuales son explotadas hasta el día de hoy todavía con procedimientos similares a los que se utilizaban hace miles de años. Además, hay otros depósitos en Alemania, Angola, Canadá, Chile, Estados Unidos, Birmania, Pakistán y Rusia.

 

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En el antiguo Egipto se consideraba el lapislázuli una piedra muy importante y preciada. Se adornaba con ella los escarabajos sagrados o las máscaras funerarias. También se utilizaba en forma de polvo con fines medicinales.
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Este polvo del mineral, la azurita o lazurita, proporciona un pigmento azul, el azul ultramar. Éste lo usaban en la Edad Media los pintores o para teñir telas. Más tarde, durante el Renacimiento fue muy buscado entre los pintores de Europa y América por su estabilidad y permanencia de color. Leonardo da Vinci, Alberto Durero y Fra Angélico fueron algunos de los pintores que lo utilizaban y que provocaron que al polvo de lapislázuli se le conociera como «oro azul».

En aquella época, su precio era más de cuatro veces el precio del oro. Además, fue usado en la decoración de muebles para conferirles valor, algunos de los cuales pueden observarse en grandes museos como El Prado (Madrid, España), el Castillo Sforzesco (Milán, Italia) o el Louvre (París, Francia). Asimismo, los reyes de Francia de los siglos XII y XIII pusieron de moda vestimentas teñidas en color azul, extraído de esta piedra.

En la actualidad se sigue empleando en la creación de joyería, especialmente en Chile, que se exporta en grandes cantidades a Europa y Estados Unidos.

 

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Al jaspe a veces se le considera mineral, a veces roca, debido a su origen sedimentario o volcánico; contiene de 80% a 95% de sílice; a menudo se le clasifica junto con el cuarzo, pero también puede contener barro.

Aretes jaspe sedimento marino y granates

Esta variabilidad hace difícil su identificación, pero también le proporciona una enorme gama de colores: rojo, amarillo, marrón, verde, negro, etcétera, pasando por múltiples tipos de manchas y patrones que pueden ser incluso verdes sobre fondo rojo.

Pulsera Turquesas y Jaspe

Por algo su nombre significa “piedra moteada”, del viejo francés jaspre, que a su vez proviene de palabras mucho más antiguas, pues en muchas de las primeras lenguas (como latín, griego, acadio y otras lenguas hebreas) existe un término para esta piedra.

Dije Jaspe y Amatista

Fue parte importante de las primeras civilizaciones como piedra ornamental, pero también para fabricar utensilios como vasijas, jarrones o incluso hasta partes de armas.

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Los Wixáricas o Huicholes son indígenas que han vivido por lo menos desde hace cinco siglos en las zonas cercanas a San Luis Potosí, Nayarit, Zacatecas y diversas localidades de la región.

Colores Huicholes

El arte Huichol más conocido es el trabajo con abalorios, que desarrollan en pulseras, collares, ropa y elementos decorativos; los diseños que ocupan son tan diversos como las piezas que, aunque pueden compartir diseños similares, pocas veces son iguales unas con las otras.
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Los Huicholes tienen una mitología elaborada y compleja, acostumbran bailar y beber Nawa, una bebida derivada del maíz. En sus ritos se incluye el peyote y tienen una conexión profunda con la Tierra, el Sol y la espiritualidad.

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En Colibrí Orfebres celebramos la diversidad y adoptamos los elementos que los habitantes más antiguos de nuestros hogares nos han enseñado.

 

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Tres milenios aguardó la máscara de Tutankamon para volver a ser vista por los ojos humanos. Bajo la única tumba de Egipto que no fue saqueada, un laberinto de túneles, paredes secretas, puertas ocultas y tres sarcófagos, la máscara aguardó con paciencia aquel 28 de octubre de 1925

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Howard Carter, a quien se le atribuye el descubrimiento de la cámara mortuoria y la develación del sarcófago, escribió en su diario: “Plácida y hermosa, era la momia de un joven rey prolijamente envuelto, llevaba una máscara de oro, y en ella estaba una expresión tranquila, que simbolizaba a Osiris”.

La máscara, además de oro, tiene lapislázuli, que rodea los ojos; éstos son de quarzo; las pupilas son de obsidiana, cornalina y turquesa.

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La orfebrería es tan antigua como la sociedad misma, si bien todo comenzó cuando los metales comenzaron a golpearse con una piedra, las fundiciones, hornos y técnicas llegarían muchos siglos y milenios después.

1La filigrana es una técnica que puede rastrearse hasta las primeras civilizaciones; consiste en usar finos hilos de metal y, a partir de ellos, tejer entramados complejos. Su grado de belleza dependerá del maestro artesano; entre los trabajos más famosos destacan los árabes, que tejían hilos de oro a las telas con diseños geométricos.

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Casi todas grandes gobernantes usaron esta técnica para ornar sus palacios, alabar a sus dioses y agregar a sus vestimentas; en la actualidad ya no está reservada sólo para los reyes y la aristocracia, y puede encontrársele en bellísimos aretes y arracadas.

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La calcedonia es una variedad del cuarzo que en realidad engloba a muchas piedras semipreciosas. A diferencia de éste, la calcedonia se caracteriza por tener microporos que permiten su coloración natural y artificial.

 

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Las variantes más conocidas de la calcedonia son la propia piedra tintada de azul; la cornalina, que tiene tonos rojizos; el heliotropo, que es verde y rojo debido al hierro; y las ágatas, que pueden llegar a ser transparentes.

Por su dureza e increíble variedad de colores son ampliamente usadas en la joyería, y desde tiempos del imperio romano han sido llevadas como camafeos, broches y pendientes.

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En 1969, Seiko, uno de los gigantes de la industria japonesa, sacó al mercado el reloj Quartz-Astron 35SQ, que decía ser más preciso del mundo, esto gracias a la incorporación de cuarzo en sus mecanismos.

El cuarzo es el segundo mineral más abundante del planeta, está en la mayoría de las rocas, arenas y en un sinnúmero de aplicaciones industriales.

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La precisión de los relojes de cuarzo se debe a un fenómeno llamado piezoelectricidad; a grandes rasgos consiste en que la piedra es sometida a presiones físicas (el mecanismo del propio reloj) y, como resultado, genera vibraciones precisas que se convierten en electricidad.

Actualmente se elaboran cuarzos hechos a medida y en función de los relojes, sin embargo, su uso no ha cesado ni encontrado rival desde hace medio siglo, pues la eficiencia de los relojes no está subordinada a suertes mecánicas, sino a las propias leyes físicas que rigen el cosmos.

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Es común que, cuando investigamos sobre las piedras preciosas y semipreciosas, nos encontremos con la escala de dureza de Mohs.

Friedrich Mohs fue un geólogo alemán que clasificó distintos minerales a partir de sus propiedades físicas. También estudió química, matemáticas y física, cabe decir.

La escala es simple pero altamente efectiva. El principio básico dicta que, para situar un mineral por encima de otro en la tabla, éste debe poder rayarlo. De tal manera, la escala ascendente culmina con el diamante, que sólo puede rayarse con otro diamante.

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Aquí la lista con algunos ejemplos:

 

1 Talco

2 Yeso                            (Ambar)

3 Calcita

4 Fluorita                      (Ónix)

5 Apatita Ortoclasa     (Lapislázuli)

6 Ortocalasa                 (Piedra de Luna)

(Jaspe, Agata)

7 Cuarzo                        (Peridoto)

(Granate, Esmeralda)

8 Topacio                     (Aguamarina)

9 Corindón                  (Rubí, Zafiro)

10 Diamante.

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En 1984, en Minas Gerais, Brasil, fue encontrado el topacio más grande del mundo. La piedra en bruto pesaba 37 kilos y tardaría más de dos décadas en ser tallado, debido a la complejidad del trabajo.

“El dorado”, apodo que recibió debido a su color y pureza, está tasado en 31,000 quilates. Lo cual lo convierte en una joya de su tipo más valiosa del mundo.

La piedra es propiedad de Royal Collections Programme, que se dedica a la acuñación de piezas de alto valor científico y artístico.

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Desde China hasta Mesoamérica, fue la joya preferida de los emperadores. En algunos civilizaciones, como la maya, era más valiosa que el oro. El jade es una de las piedras más bellas del mundo, su dureza es comparable con la del acero y, a nivel místico, se le asocia con cualidades curativas, espirituales y de nobleza.

 

 

Quizá su uso más famoso está en la formidable máscara del rey maya Pakal, pues en Guatemala se encuentra su principal yacimiento en América; en el resto del mundo se encuentra casi exclusivamente en China y en Myanmar.

 

 

Se le ha llamado también “la piedra de la creación” y su eco perdura inmortalizado en la poesía de Nezahualcóyotl, pero sobre todo queda en nuestra memoria, en el color verde profundo e infinito que a veces sólo se puede imaginar.

 

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Se creía que curaba enfermedades, detenía las hemorragias, el asma y las quemaduras. En Grecia se pensaba que daba fuerza a los guerreros y que cambiaba de color para prevenir el envenenamiento. Incluso, en una corona europea se confundió a la más famosa de estas piedras con un diamante. Todas estas propiedades (sólo comparables con las del aguacate y la uña de gato) pertenecen a una sola piedra: el topacio.

Este mineral fue del gusto de los zares y sólo ellos podían portarlo. Se trata, sin duda, de una de las piedras más hermosas del mundo y que, contrario a la creencia popular, los hay en diversos colores.

Sus propiedades médicas, místicas y mágicas tal vez sean cuestionables, pero no su valor nominal ni la belleza inherente que lo caracteriza. Para muestra, basta un topacio:

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